miércoles, 4 de julio de 2007

Campaña de Ahorro de Energía




Ahí van algunas fotos de los talleres sobre ahorro de energía en el hogar que estamos impartiendo por la Mancomunidad.


Para quien aún no lo sepa, está vigente un plan de la Junta de Extremadura para ayudar a las familias que deseen cambiar sus electrodomésticos viejos por nuevos de un bajo consumo energético, que cuiden nuestro planeta, y que nos ayuden con las facturas!


En estos talleres informamos sobre este Plan Renove, así como sobre otros métodos para ahorrar electricidad y agua en el hogar, sin perder por ello ni un ápice de comodidad.


Muchas veces es sólo cuestión de hábitos, y el planeta lo agradecerá!

viernes, 15 de junio de 2007

Despedida del Consejero


Ayer despedimos a nuestro Consejero, Guillermo Fernández Vara, pues como sabéis nos deja para hacerse cargo de una tarea más difícil aún, ser presidente de la Junta de Extremadura.

Desde aquí le deseamos mucha suerte en su nueva etapa, y mucha fuerza para afrontarla, será difícil sí, pero sabemos que lo hará bien.

De izquiera a derecha: Juanjo, yo (Susana), Guillermo, Santos, Rocío y Julia.

miércoles, 6 de junio de 2007

Día Mundial del Medio Ambiente







Ayer, 5 de junio, fue el Día Mundial del Medio Ambiente.

Nosotros lo celebramos en Santa Amalia, con el alumnado de Educación Infantil.

140 niños fantásticos, de entre 3 y 6 años, que aprendieron que hay que cuidar este planeta, que es el que tenemos, y que hay que clasificar la basura y tirarla a su contenedor adecuado.

Papel y cartón, al azul.

Plástico, tetra briks y latas, al amarillo.

Y cristal y vidrio, al verde.

Fue un día bonito. Nosotros nos fuimos contentos de ese acogedor pueblo, y esperamos que ellos también lo pasaran bien y se acuerden de cuidar este (aún) bonito planeta.

viernes, 1 de junio de 2007

Ropa sucia


¿Te has preguntado alguna vez de dónde procede la ropa que te compras? ¿dónde y cómo se fabrica?

Si lees las etiquetas de tu ropa, verás que mucha de ella se ha producido en países asiáticos, o en Marruecos, o en Europa del Este... pero no verás nada sobre las condiciones en que se ha elaborado:

demasiadas horas de trabajo al día, salarios que no dan para vivir, represión sindical, explotación infantil, malas condiciones de seguridad e higiene...

Y es que las marcas de ropa trasladan la producción allí donde la mano de obra les resulta más barata. Es lo que se conoce como deslocalización, uno de los efectos más sangrantes de la cara fea de esa globalización en la que nos encontramos inmersos.

El mundo de la moda tampoco respeta tu salud ni la del medio ambiente. Es habitual el uso de sustancias tóxicas en la ropa o en las zapatillas de deporte: formaldehído, tintes con plomo, estampados que contienen nonilfenoles, PVC... ¿Suenan mal? ¡Pues son aún peores!

¿Qué puedes hacer tú?

Elige tejidos y tintes naturales.
Fíjate en la composición de las prendas antes de comprarlas o pregunta en la tienda.

Opta por ropa de comercio justo.
Gracias a los criterios exigidos para los productos de comercio justo, te aseguras no sólo que no se han violado los derechos laborales, sino que se está pagando un precio justo por aquello que compras, que ayudará a los productores a salir de las situaciones de pobreza en que se encuentran inmersos en gran parte consecuencia del comercio convencional.

¡Averigua qué hay detrás de tu ropa! Entra en webs de marcas de ropa y de zapatillas deportivas y pregunta por las condiciones laborales de las personas que confeccionan sus prendas.

Si quieres más información, puedes visitar la web de la campaña Ropa Limpia, que es una campaña internacional que tiene como principal objetivo mejorar las condiciones laborales dentro de la industria mundial textil, de forma que no se violen los derechos laborales de las personas que confeccionan las prendas que después nosotros compramos en las tiendas. Ahí encontrarás información sobre algunas de las empresas más irresponsables con las personas y con el medio ambiente.

Y por último y no menos importante...
No caigas en un consumo incontrolado, y totalmente innecesario. Cuando vayas a comprarte una prenda, piensa si realmente la necesitas.

Que la moda no te controle a ti, contrólala tu a ella!
Por Susana M.G.

jueves, 31 de mayo de 2007

SOCIALIZACIÓN AL CONSUMO

La socialización puede definirse como el proceso que resulta de aceptar las pautas de comportamiento social y de adaptarse a ellas, de influencia entre una persona y sus semejantes. Este proceso se produce no solo entre las etapas de la infancia a la vejez, sino también en diferentes contextos; cultural, de cambio de status...

A través de la socialización se inculca la cultura a los miembros de la sociedad, la cultura se va transmitiendo de generación en generación, los individuos aprenden conocimientos, desarrollan habilidades, asumen roles, necesarios para la participación adecuada en la vida social y se adaptan a las formas de comportamiento organizado característico de su sociedad.

En ese aprendizaje de habilidades, conocimientos y actitudes en nuestra sociedad moderna, van implícitos aspectos relacionados con el consumo; como un proceso que dura toda la vida y que se produce fundamentalmente a través de la imitación que, niños y adolescentes, hacen del comportamiento de sus mayores, principalmente desde la familia.

Son muchos los factores que influyen en la socialización al consumo (según multitud de estudios realizados) como la edad de padres e hijos, diferencias culturales, entorno familiar y social, comunicación entre generaciones... Sin embargo, ese aprendizaje que desde la familia se realiza, debe ser otra pieza clave más unida al papel que la EDUCACIÓN juega en esa socialización al consumo, entendida como el resultado de un trabajo pedagógico que utiliza conocimientos, agentes y recursos especializados.

Si la Educación tiene una eminente función colectiva, que tiene por objeto adaptar al niño al medio social al que está destinado a vivir, la sociedad no puede desinteresarse por tal proceso.
Ricardo Santisteban
Sociólogo

martes, 8 de mayo de 2007

El consumo responsable como respuesta al consumismo actual


Por Susana Martín Gijón.

No te dejes llevar por la publicidad que nos bombardea e induce al consumo incontrolado; ten espíritu crítico, reflexiona sobre la naturaleza y procedencia de las cosas; contribuirás a un mundo mejor.


Una de las características principales del estilo de vida que rige en los países desarrollados es sin duda el consumismo. Consumimos a todas horas. ¿Por qué? porque está de moda, porque es barato, porque estamos deprimidos, porque creemos que es necesario, porque es más cómodo comprar algo nuevo que hacerlo o arreglarlo....o simplemente ni nos planteamos el por qué. Consumimos.


Este modelo de vida, en el que la compra compulsiva parece ser el mejor remedio para alcanzar la felicidad, nos ha sido impuesto por las grandes multinacionales que nos bombardean incesantemente con todo tipo de publicidad generada para crearnos unas necesidades ficticias que nunca antes tuvimos, como la de comprarnos unos tacones de aguja (que tienen que conjuntar con la chaqueta), o una gorra de Fernando Alonso, o comer productos a base de soja, o teñirnos el pelo porque yo lo valgo.


Es totalmente insostenible a largo plazo, además de no ser aplicable a todos los habitantes del planeta. No se puede mantener ni ecológicamente, ni por las injusticias que genera. Por tanto no es posible que mantengamos esta situación.


Las instituciones tienen que cumplir su función y así debemos exigirlo, pero nosotros tenemos una importante herramienta de influencia directa sobre los centros de poder económico. Es la voluntad de vivir de forma responsable el día a día en aspectos como el consumo.


Un consumo crítico es el que se pregunta por las condiciones sociales y ecológicas en las que ha sido elaborado un producto. Es una actitud diaria que consiste en elegir meticulosamente lo que compramos sobre la base de dos criterios: el origen del producto y la conducta de la empresa productora.


De esta forma le decimos al sistema los métodos productivos que aprobamos y los que condenamos. Se valoran las opciones más justas, solidarias o ecológicas y se consume de acuerdo con ello y no solo en función del beneficio personal.


Dentro del consumo responsable destaca la austeridad como valor, como una forma consciente de vivir, dándole más importancia a otras actividades que al hecho de consumir y teniendo la capacidad de distinguir entre necesidades reales e impuestas; cubriendo las verdaderas necesidades con el menor despilfarro.


No hay que confundir la austeridad con la tacañería. Nada más lejos. Ser tacaño implica mirar sólo la economía; si un tacaño no consume un producto es porque no le conviene a su bolsillo; una persona austera reflexiona sobre la necesidad real que tiene de adquirir algo, (¿estoy comprando porque realmente lo necesito/me apetece, o me he dejado influir por el mercado?) sobre las consecuencias de esa adquisición (¿estoy contribuyendo a explotación infantil en Pakistán por comprar este balón deportivo?), y, en definitiva, tiene otros valores a los que da prioridad y que le llenan más que el simple consumismo.


La incorporación de estos valores en nuestro consumo no disminuye el bienestar y la calidad de vida, sino al contrario. Al no dejarnos influir, elegimos aquello con lo que más cómodos nos sentimos. Sustituimos otro par de zapatos innecesarios por comer productos más saludables, por ejemplo.


Tengamos en cuenta el hecho de que el nivel de desarrollo y consumo que llevamos en el primer mundo no es en absoluto sostenible, y lo podemos mantener actualmente sólo a costa de los países menos desarrollados.


¿Sabías que para mantener un nivel así en todo la población del planeta necesitaríamos siete planetas Tierra a nivel de recursos y uno entero sólo para acumular la basura que producimos?


Empecemos a ser un poco más razonables con lo que compramos, y también con lo que desechamos. De nosotros depende mucho.


Busca información y adopta un pensamiento crítico con la realidad que te rodea, con la publicidad que intenta manipularte, cuestionándote que hay detrás de cada cosa que consumes y cuáles son sus consecuencias. Opta por la reducción de tus niveles de consumo.


Se trata de cambiar nuestro hábito de consumismo, optando por un modelo de bienestar y felicidad no tan basado en la posesión de bienes materiales. Es un cambio en nuestra escala de valores y en nuestras prioridades. Lo que falta es desarrollar una conciencia crítica y verdaderamente solidaria acompañada de comportamientos más colectivos y políticos: cuando hacemos la compra no tenemos que dudar que somos poderosos y que las empresas están en una situación de profunda dependencia de nuestros comportamientos como consumidor.